Arte para todos: Museo Soumaya en la Ciudad de México

Por Alfonso Miranda Márquez 
@A_mirandam @ElMuseoSoumaya

Latinoamérica se ha posicionado en el ámbito internacional con una sólida oferta cultural. Uno puede hallar acervos desde nuestro pasado precolombino hasta arriesgadas puestas en escena o una pléyade de filmes que estallan multimillonarios presupuestos: zombis de pálidos cuerpos erotizados que conviven con documentales de denuncia política y social, o festivales de aquellas cintas que hace años llegaban a nosotros incompletas y a un lustro de su estreno. 

Por su parte, los museos del siglo xxi enfrentan nuevos retos. No son más depósitos de obras con gran valor histórico y artístico, templos solemnes donde regía el silencio y en cónclave parecía que artistas, curadores y maestros le hacían la vida imposible al visitante.

¿Democratización? Sin duda los grandes tótems de la cultura se han resignificado.

Si las obras de arte se han abierto a las interpretaciones, hoy los espacios han hecho lo propio. La apertura es recíproca. Los visitantes pueden tocar algunas obras, sentarse en el piso, discutir o recorrer una exposición de la mano del artista o de un actor que lo personifica.

Vivimos un tiempo de cambios, pero también un cambio de tiempos. Si los últimos años del siglo XX abrieron la puerta, la primera década del XXI derribó la cuarta pared brechtiana y despabiló el letargo. Aunque hay que tener cuidado. Al considerar que todo es arte, luego entonces nada es arte. Silogismo que nos permite valorar el abanico de opciones. Advertimos el riesgo.

Tecnología y redes sociales. Antaño nuestra opinión era callada y acallada. Boom de la participación. Todos hablamos un nuevo lenguaje comprimido en 140 caracteres. Síntesis. Poca profundidad. Asertividad. Inmediatez.

Desde la Ciudad de México,Museo Soumaya es un espacio con apertura. En Fundación Carlos Slim se comparten de manera gratuita 30 siglos de arte. Todos pensamos, sentimos, y abrazamos la cultura de un modo diferente; El Soumaya, que cumple 20 años en la escena latinoamericana, ofrece un espejo crítico para cada mirada.

Foro, debate, intercambio de ideas que ponen en diálogo a la obra, al tiempo que reflexionamos sobre procesos de reconocimiento, identidad y más que hablar de tolerancia, de respeto.
El museo ha procurado alcanzar experiencias significativas; sensibilizar para ceñir una apreciación más rica a partir del empleo de todos los sentidos y así empatarse con la obra de arte, ahí donde el goce o disfrute estético permita una intensa experiencia personal. No obstante, el visitante no está solo. Hay un abrazo colectivo, único pero no unívoco, donde la obra se abre a las posibilidades de lectura y abordaje. 

El público general no existe. Cada individuo posee una carga simbólica. No entra al Soumaya como una hoja en blanco, que espera ser llenada por conceptos, colores y formas. La experiencia es la base para entender la obra y estimular intelectual y socialmente al visitante en un concierto donde todas las voces se escuchan. Bagaje cultural que suma en bitácoras colectivas, donde el museo propicia que la imaginación juegue un papel en la interpretación personal del arte, al fomentar respuestas creativas por parte de los públicos, a partir del diálogo y la apropiación de cada pintura de los Cranach, El Greco, Rubens, Villalpando, Ingres, Renoir, Monet, Degas, Van Gogh… Dejar que en el espacio fluyan las ideas en las esculturas de Camille Claudel, Salvador Dalí o la colección más importante de Auguste Rodin fuera de Francia. De ahí que sea necesario brindar atención especializada y actividades de aprendizaje lúdicas y académicas adecuadas a cada tipo de persona, siempre identificando su edad y capacidades físicas, intelectuales y afectivas.

Acción social. Compromiso. Resultados. Los programas emprendidos por la fundación afianzan la relación con la comunidad. No somos minorías. No nos minimicemos. Que nadie lo haga. Somos un mosaico; así que tomemos acción para dejar de ser espectadores –de esos expectantes– y apostemos por construir modos de ver críticos de nuestra realidad. Hagamos comunidad: observar. Describir. Interpretar. Apropiar. Mediar. Criticar… Conceptos donde el arte se resignifica en esa relación personal y subjetiva. Salas del museo donde las obras adquieren sentido a través de la mirada plural de sus visitantes. Desde Fundación Carlos Slim se apuesta por dialogar en esos recorridos capaces de despertar imaginarios, mediante actividades pre y postvisita. Talleres, teatro, cursos, conferencias y programas gratuitos para el descubrimiento de los grandes autores de la historia del arte. La atención a grupos vulnerables ofrece desde el transporte hasta un refrigerio.

Festejemos la diversidad. Mirémonos en cada obra. Aprendamos que esa pincelada o acento son únicos; son nuestros. Experiencia que recuerda las palabras que Auguste Rodin legó en su testamento:

Todo es bello para el artista, pues en todo ser y en cada cosa, su mirada penetrante descubre el carácter, es decir, la verdad interior que se transparenta bajo la forma. No duden en expresar lo que sienten […]. El gran punto es conmoverse, amar, esperar, estremecerse, vivir. […] El arte es más aún una magnífica lección de sinceridad. 


http://www.museosoumaya.com.mx/index.php/esp

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