EXPEDIENTE DIVERSO: El fútbol del closet




Por Antonio Capurro


El fútbol es un deporte de masas uno que desata pasiones en todo el mundo. Cada mundial, liga o pichangita local hace siempre gritar GOLLLLL con toda el alma a la hinchada que ansiosa espera por ver al esférico doblegar al portero, pero el fútbol es también un deporte lleno de machismo y homofobia en donde salir del closet podría representar un problema para el jugador estrella que tenga las bolas para hacerlo. Porque hay un fútbol que está fuera del armario y tiene su propia asociación internacional con varios clubes en diversos países del mundo y el fúbtol de las grandes ligas ese que mueve millones de dólares, un fútbol mainstream donde la diversidad sexual no es tan bienvenida.

Algunos deportistas de otras disciplinas como la natación o el rugby se han declarado abiertamente gays pero hasta el momento ninguno de los máximos exponentes de este deporte de masas que arrastra multitudes. ¿La razón? El miedo a una reacción negativa dentro de su propio equipo o ser apartado de las canchas. Y se justifica que lo estén porque comentarios tan desatinados como los de Daniel Pasarella en el año 1995, quien siendo seleccionador argentino, afirmó que nunca convocaría a un homosexual, no ayudan a que jugadores gay se animen a salir del closet. Una publicación señala que a “algunos jugadores se les organizaban matrimonios de conveniencia para que no surgieran rumores sobre una posible homosexualidad”, estrategia para callar los rumores malintencionados de la prensa. 

Hasta la fecha ningún jugador de las grandes ligas ha dicho yo soy gay o lesbiana, salvo Thomas Hitzlperger quien en enero del 2014, cuatro meses después de haber abandonado el fútbol profesional a causa de reiteradas lesiones, se convirtió en el primer jugador de élite en declarar que prefería “vivir con un hombre que con una mujer”. E incluso empezó una campaña para “impulsar un debate público de la homosexualidad entre los deportistas profesionales”, la canciller Angela Merkel lo felicitó por su valentía. ¿Tendremos algo semejante en Perú algún día? 

De hecho que la visibilidad ayuda a desterrar prejuicios y mitos, es un proceso lento pero hay intenciones no articuladas para cambiar el panorama. Existen otros casos como el del también alemán Marcus Urban que jugó en las selecciones juveniles de la otrora República Democrática Alemana al lado de compañeros como Bernd Schneider o Thomas Linke, luego destacados jugadores de la selección alemana. Esa experiencia de ser gay y no encontrar un equipo que lo acepte e integre siendo quien es la plasmó en su autobiografía titulada "Versteckspieler" (Jugadores al escondite) que ahora es un proyecto con el cual quiere romper con todos esos tabúes ligados a la homosexualidad, por ello creó una asociación por la defensa de la diversidad en el deporte y la sociedad junto a otros compañeros surgiendo así http://verein-fuer-vielfalt.de/en/

Para un futbolista gay su proceso de aceptación le resultará doblemente difícil ya que tiene en la mente el chip de la rudeza y virilidad que emanan de este deporte.  Porque el jugador lo que más teme es ver afectada su imagen frente a los hinchas. Un ejemplo es el delantero de la selección danesa Mikkel Beck; quien sufrió la hostilidad de sus compañeros, los directivos y técnicos de su club que le hicieron la vida imposible durante su paso por el Middlesborough, de la primera división inglesa. ¿La causa? Ciertos malintencionados rumores en relación a su presunta homosexualidad. Al final Beck tuvo que rescindir su contrato. En 1998 otro caso que terminó en tragedia fue el del futbolista nigeriano Justib Fashanu, el primer jugador en declarar su orientación sexual, quien terminó suicidándose por la intensa presión que padeció al recibir acusaciones de perversión de menores que le achacó la prensa amarilla tras su salida del closet. "Sólo quiero que se sepa que soy un buen jugador, da igual que sea gay", con estas palabras el ex jugador de Los Ángeles Galaxy Robbie Rogers, quien ahora es todo un ícono para la comunidad LGBT se quitó un peso de encima demostrando que después de abandonar el armario su vida cambiaría totalmente sin tener que ocultar quien es. 

¿Acaso el fútbol es tan solo una cuestión de machos y testosterona como lo demuestra los besos y abrazos que se dan más los jugadores luego de meter goles? Lo cierto es que a la fecha no hay ligas, clubes, federaciones o asociaciones de fútbol que hayan por lo menos hecho una declaración pública, porque al parecer el tema saca roncha y no precisamente por correr en las canchas. Y es que en el deporte rey además de homofobia existe un catálogo de agresiones por racismo, religión, discapacidad y por supuesto orientación sexual. ¿Quién no ha escuchado las frases “eres un marica, cabro o maricón” en boca de los jugadores o el respetable público? ¿No deberíamos empezar por exigir sanciones frente al uso de este lenguaje o como en el caso reciente del Comité Olímpico Internacional que acaba de cambiar el sexto principio fundamental del olimpismo, que se refiere a la incompatibilidad del Movimiento Olímpico con cualquier forma de discriminación, el cual incluye una mención expresa a la orientación sexual de los individuos.

¿Si el deporte es una forma de unir a las personas de todo el mundo por que la FIFA permite que el odio sea parte de los partidos? Ya es hora de avanzar hacia la dirección correcta y en eso están las redes sociales y las marcas que patrocinan dichos eventos porque ninguna empresa quiere ser asociada al odio o la violencia. ¿Cuándo veremos en Perú u otros países latinos donde todavía no se trabaja el tema actividades como la campaña anti-homofobia  británica Rainbow Laces’ (Cordones arcoíris), animando a los jugadores a usar cordones multicolores para enviar un mensaje de no tolerancia a la homofobia?  Una iniciativa que empezó en el 2013 respaldada por ‘Stonewall’, la mayor organización benéfica en Europa por los derechos LGBT y ‘Gay Football Supporters Network’, la organización inglesa de los aficionados LGBT de fútbol. ¿Estaremos todavía a miles de años luz? Ojalá que no. 

Lo que continua siendo cierto, al menos en la mente de muchos futbolistas, es que mientras tengan una carrera que cuidar el asunto se complicará mucho. Porque conociendo de la homofobia fuera y dentro del gramado es más fácil vivir una vida caleta cuidándose al extremo de ser vistos en situaciones comprometedoras o frecuentando lugares de ambiente, aunque algunos les importen poco ¿aló Cristiano Ronaldo? Es hora de soltarse las trenzas y dejar el miedo en el closet. 

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