El regreso de JimmyHitch: Ese príncipe azul

¿Estás aguardando por aquel soñado príncipe azul?  Me pregunto si la gran mayoría de gays todavía somos románticos ¿o nunca lo fuimos? ¿Ese viejo cuento de hadas que nos contaban antes de ir a la cama sólo era puro cuento? No lo sé pero en mi caso siempre fui un romántico idealista hasta que la vida me hizo poner los pies sobre la tierra, en más de una ocasión con lágrimas. Sin embargo no hay nada de malo en soñar, siempre y cuando no sea tan alto que la caída sea por demás dolorosa. 

Llámenlo huachafo, rosa, folletinesco o culebrón mejicano; pero ¿qué hay de malo en un poco de drama? 

Recuerdo muy bien algunos de los cuentos que leía de niño. En el mágico universo plagado de ilusión y fantasía figuraban desde ‘El gato con botas’ hasta ‘La Bella durmiente’ o ‘Blanca Nieves’. Precisamente fueron estos dos clásicos escritos por el francés Charles Perrault y los alemanes hermanos Grimm, los culpables que en algún momento muchos de nosotros hayamos soñado, o estemos soñando con aquel príncipe encantador.

En estos días pensar en algo parecido puede sonar bastante utópico, fuera del tiempo y del espacio, no práctico y hasta estresante. Más de uno lo considerará una pérdida de tiempo, búsqueda que trae consigo bastante desgaste emocional. Pensar hoy en un apuesto caballero de esos que te llevan rosas en el aniversario o bombones en tu cumpleaños sonará bastante curso o huachafo, sobretodo cuando vivimos la era de las aplicaciones, ¿Aló Manhunt o Grindr? De hecho, he leído o me han contado que muchos encontraron al amor de su vida es el ciberespacio. 



Díganme si es que alguna vez no se les pasó por la mente hallar aquel perfecto espécimen de hombre al que con sólo mirarle a los ojos y el resto sepamos que es el indicado. Seguro imaginaste que algún día podrías casarte y ser feliz para siempre, de hecho ahora luchamos por el matrimonio igualitario. Bueno, felizmente soñar no cuesta nada en nuestra Lima Gay. Incluso quizá imaginaste poder encontrar a tu media naranja en un bar o disco de ambiente, ¿de veras lo crees?

En mi caso para nada imaginaba verme como la protagonista de una sufrida historia de amor sino como un pata buscando a otro pata. Eso sí, a los ocho años me preguntaba por qué no habían escrito una historia con dos hombres que se aman y punto. Encontraría la respuesta tiempo más tarde; mientras tanto, a mis dieciséis años, recién terminada la secundaria en un colegio de curas, pensaba hallar ese chico ideal y miraba por todos lados preguntándome cuál de los tantos que me gustaban reunía tan exigente currículo como para ser el tipo especial, el amor verdadero. Ninguno.

La capital es otra cosa. De hecho que hay más de dónde escoger y por dónde mirar, pero no había nadie con ganas de un poco de romance que a nadie le viene mal conversar conocerse salir al cine a comer al parque y esas cosas de los enamorados ¿no es así?  Y es que tampoco exigía mil citas antes de conocerse en la cama. Lo principal es determinar cuál es el tipo de relación que deseas tener, si es un choque y fuga entonces no hay mucho que pensar. Si tienes en mente (aunque al inicio nadie lo sepa solo ese clic que sientes en algún lado) algo más duradero o serio tendrás que conocerlo más y cuando llegues a ese punto recuerda que Roma no se construyó en un día.

Eso de que hay que besar más de un sapo es muy cierto. Quizá ahora tengo un poco más de sabiduría. Con el tiempo aprendes que los hombres son como las olas del mar, van y vienen, solo quienes desean anclar luego de tanta zozobra aceptan el desafío. Y es que para dar con el hombre correcto has de tomar varios casting, la experiencia es lo que vale ya lo sabes. Y este puede llegar en caballo, moto, carro, avión o lo que sea.

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