Guerreros y dioses: Oswaldo Reynoso

La única vez que tuve la oportunidad de estar muy cerca a Oswaldo Reynoso, quien nos dejó el martes a los 85 años rumbo hacia ese nirvana donde esperamos encuentre una pléyade de hermosos ángeles cholos, fue hace dos años en una presentación que él tuvo en el Cholo Bar, recuerdo que me dio su número telefónico para llamarlo y pactar una entrevista que nunca concretamos. Pero ¿qué hace relevante la figura de este narrador urbano clave en la literatura peruana? Los adjetivos para calificar quien era Oswaldo siempre fueron generosos: maestro, guía, marxista orgulloso o escritor maldito, pero lo cierto es que Reynoso nunca le tuvo miedo a la palabra y escribir acerca de ese goce de los sentidos y del placer que se atreve a serlo. 

Seguro estoy hubiéramos tomado un café, un vino o unas heladas. Porque dicen que se hacía amigo de todo aquel que se acercaba con ese afán de conocer más y de compartir literatura.

Oswaldo Reynoso quien dijo "La vida sin libertad no solo es fea, sino sucia". fue un orgulloso ateo, en un país donde todavía es un escándalo serlo, y un hombre que disfrutaba de su homosexualidad, una que remeció a esa Lima pacata de los años sesenta que vio a los personajes expresarse tal cuales en "Los Inocentes".


Voy a armar la entrevista que hubiese querido hacerle a Oswaldo con un ensamble de citas, fragmentos y textos respondidos por él o escritos de otros autores o periodistas acerca de su vida y obra.



"La literatura es un arte, y un arte es la consecución de la belleza. Como elementos para crear esa belleza la pintura utiliza el trazo, los colores. La literatura utiliza tres elementos: la imagen, la palabra y la estructura. Si en un texto llamado literario no hay un trabajo estético sobre uno de estos elementos puede tener cualquier nombre, pero no es literatura. En la Feria del Libro de Trujillo me tocó estar en una mesa redonda con un escritor mexicano y él dijo que toda la vida había sido periodista político, que había hecho reportajes sobre figuras políticas, pero se dio cuenta de que algunas cosas se le habían quedado y decidió escribir una novela en base a ellas. Entonces cuando me tocó hablar le dije que él no había escrito una novela, sino lo que le sobró de los reportajes con una estructura de novela. Yo le llamo a eso una novela bastarda."




“Cuando me invitan a dar charlas lo primero que hago es sacar dos billetes: uno de 20 con el rostro de Porras Barrenechea y otro de 50 con el rostro de Abraham Valdelomar. Estos dos señores son los más ilustres homosexuales del Perú. Entonces yo les digo: A todos los homofóbicos yo les aconsejo que cuando reciban estos billetes los rompan.”

  • La homosexualidad como tema y la literatura gay (Entrevista para Peru21, 2005, a propósito de su libro El goce la piel)

"La homosexualidad, como tema, puede ser "fuerte", pero su estilo la hace natural, elegante. Por que es la dignificación. Acá, en el Perú, estamos acostumbrados a denigrar a las minorías: al negro, al andino y a los homosexuales. Entonces, en este libro, yo dignifico a la homosexualidad como un método, un estilo de vida para encontrar la realización; no en el sentido de la caricatura, del esperpento para hacer reír, como en el caso de Bayly, no.

¿Hay literatura homosexual?

No, la literatura es literatura, no hay que ponerle etiquetas. Son los profesores y los críticos quienes tiene la costumbre de ponerlas. Hay una literatura que puede tener determinadas características, pero luego vienen los taxicólogos, que dividen en especies, en géneros, como hacen con los animales, con las plantas.


"Entonces el carácter del goce sensorial de mi creación es porque efectivamente mi vida se ha desarrollado en el placer de los sentidos y es una especie de convulsión que de alguna u otra forma se hace evidente en todo aspecto."


"Ya desde el mirador a su obra, Oswaldo es un escritor excepcional, clásico y moderno, transgresor en el fondo e insuperable en la forma:la prueba está en que una sociedad tan homófoba como el Perú haya adoptado como lectura idónea para estudiantes de instituto su catálogo de homosexualidad lumpen “Los inocentes”. ¡Qué gran ironía, qué victoria de la libertad, de lo bien escrito per se!"

"Por un lado, refleja su voluntad genuina de integrarse en la sociedad para contribuir a plasmar un sueño colectivista; por otro lado, su peregrinaje como alma en pena, como pecador sin pecado (pero con una mancha consciente cual preso acomplejado en campo de exterminio), sabedor de que su homosexualidad le convierte en un paria, en un individuo señalado con el malditismo, sentenciado a resaltar en cualquier comunidad arbitraria y severa."


"A mí siempre me han respetado. Yo me he hecho respetar."

Cuando un joven de 16 o 17 años descubre que es homosexual , y recibe el asedio de sus padres y de la gente del colegio, se siente absolutamente desamparado y triste. Por ese motivo hay gran cantidad de jóvenes que se han suicidado. En el Perú les ponen rejas sociales y los aíslan.
"Sus libros, reeditados por sellos independientes al infinito, son best-sellers clandestinos y los lectores jóvenes –que lo leen a escondidas, como si estuvieran consumiendo la más dura pornografía– lo aclaman siempre adonde va porque, apenas lo escuchan, inmediatamente se percatan de que el mayor talento de Oswaldo reside en que nunca ha dejado de ser un joven rebelde, melenudo y reilón."



"Como José Caro (30), novel poeta huamanguino y compañero de Reynoso en los últimos ochos años. “Soy viejo y hay espacio en la casa, ¿por qué no te vienes?”, le dijo. Se reflejaba en José, en el arequipeño veinteañero, tragado por una ciudad gigante y extraña, que alguna vez fue.

Rehizo su biblioteca con libros viejos y fotocopias (salvo sus diccionarios, Reynoso regalaba todo), lo introdujo en el Facebook, fue su aplicado asistente de cocina, su discípulo (le dedicará su primer libro), el privilegiado lector de sus dos libros póstumos ("Huamanga, Huamanga", que inicia con un poema suyo; y "Capricho en azul"), pero a la vez el infeliz testigo de su muerte, de un repetino paro cardiaco. “Él no quería morir entubado, con sondas. Se fue sin sufrimiento”."



Libros publicados:

Los Inocentes (1961)
En octubre no hay milagros (1966)
El escarabajo y el hombre (novela, 1970)
En busca de Aladino (relatos breves, 1993)
Los eunucos inmortales (1995)
El goce de la piel (2005)
Las tres estaciones (2006)
En busca de la sonrisa encontrada (2012)

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