De trabajador en la Filmoteca Española a actor principal en El Apostata, Alvaro Ogalla


Por Antonio Capurro

Fue una reseña muy buena en una revista argentina llamada Noticias la que me picó la curiosidad por El Apóstata, la historia de un hombre joven cuyo personaje Gonzalo Tamayo vive una serie de tribulaciones en su objetivo de retirarse de la Iglesia Católica. El madrileño Alvaro Ogalla, sin previa experiencia actoral, debutó en este filme de su amigo Federico Veiroj tomando el riesgo de convertirse en un actor de verdad. Y es que de trabajar en la Filmoteca Española en catalogación, moviola, restauración de negativos y también como proyeccionista en otros lugares de Madrid pasó a convertirse en  el protagonista de un filme controvertido y audaz. 

Todo cambio es un proceso doloroso porque de alguna u otra forma siempre tienes que dejar atrás cosas, abandonar la zona de confort no es nada fácil, puede que el fracaso esté a la vuelta de la esquina. Eso temió Alvaro, que la película no vaya bien, pero eso no sucedió. 

"Federico y yo somos amigos desde hace muchos años, mucho antes de que él empezara su carrera como director, trabajamos juntos en la Filmoteca Española, nos conocimos ahí en el archivo de cine donde yo empecé a trabajar a los 21 años en el archivo restaurando las películas para luego hacer copias nuevas. Él regresó a su país Uruguay para comenzar su carrera como cineasta, donde hizo un primer corto, una primera película y una segunda donde se daban guiños a nuestra amistad en la filmoteca. Nunca me había planteado esto, yo no era actor aunque si  tenía una inclinación artística. Felipe permitió que desarrolle este talento y ser el responsable de lo que tengo dentro de esta capacidad de mirar el mundo con unos ojos poéticos. Me coloca en el compromiso de sacar esta película adelante junto con él, ese fue su mayor regalo ponerme en un riesgo positivo".




El piso que renta Alvaro en Madrid, su ciudad natal, está repleto de libros, adora leer y me cuenta que lo más reciente es uno de física. 

De las sombras a la diversidad

Alvaro es hijo de la transición, de esa dictadura española controlada por Franco durante cuarenta años que al caer produce una explosión de libertad absoluta en la sociedad. Él fue un chico post punk. 

"Cuando se dio la ley del matrimonio igualitario con Zapatero la iglesia y los conservadores de derecha salieron a las calles a protestar, a mi aquello me molestó mucho, yo trabajaba muy cerca de donde se hacían las manifestaciones por la familia, como si la familia sola estuviera conformada por un hombre y una mujer. Veía la forma en que usaban a los niños para manifestar su odio, veía a los curas. Me sorprendió ver tantas familias en la calles, era abrumador y con mucha gente violenta. Al mismo tiempo estaban saliendo todos estos casos de pederastia. ¿Y si tu hija o hijo descubre que es homosexual, qué harías? Eso fue lo que me decidió a apostatar a salirme de la iglesia que ya no deseaba ser parte de ella. Luego de la dictadura había mucho anhelo de libertad, se luchaba por ello, existía una clase media con el anhelo de tener acceso a estudios superiores, comienza a generarse un pensamiento crítico, entra el punk y el pop de golpe tras una época de oscurantismo franquista que anhelaba el mundo de los reyes católicos, quienes consideraban que su guerra civil había sido una cruzada. Mis padres forman parte de esos dos mundos, educados bajo los criterios y prejuicios del dictador, y al mismo tiempo ellos protestaban a favor del cambio. Fue un momento de liberación en todos los sentidos y por supuesto en lo sexual".

Y sabemos que hay un período del cine español conocido como el destape donde ya no hay nada que ocultar pero si bastante que mostrar. El sexo ya no se confiesa se hace en la pantalla grande.

"Antes se presentaba al marica, al transexual, al travestido ridiculizándolo, pero al mismo tiempo abría una puerta. Recuerdo a una transexual muy famosa Bibi Andersen, una de las chicas Almodóvar. A los inicios de los ochenta la ambigüedad sexual era como una norma entre los jóvenes, para mi no es un tema ni tabú ni extraño ni ajeno. De jovencito frecuentaba lugares góticos, y la diversidad ahí era muy normal. Yo conocí a un trans a los 17 años, que era la amiga de una amiga mía, la conocí como hombre y luego se convirtió en una mujer espectacular. Era Agustín y luego Agustina. Yo salía mucho por el barrio Chueca aquí en Madrid antes de que sea Chueca y era una zona de prostitución que luego se gentrificó. Para mi la diversidad es una riqueza. Mi padre se movía en el mundo del arte y ahí todo esto no era nada raro".


Los tiempos son otros. España es un estado que se dice laico, pero donde la iglesia de alguna forma aunque no mueva conciencias tiene poder como para meterse en los medios. 

"El homosexual hombre ha estado muy presente en España y se ha dado siempre lo jocoso a pesar de las etapas duras detrás, de represión, de guetto. Yo siento que la comunidad homosexual se ha vuelto un poco más conservadora yéndose a la derecha y por ejemplo votan al PP, empieza a ver políticos del PP que salen del closet, muchos tienen una economía solvente. No todos por supuesto, lo hablo a nivel macro. Y también puede que haya crecido la homofobia en los años de la crisis. De otro lado, noto que para los jóvenes de veinte años el tema está superado, no lo piensan y no se definen como una sola cosa. Se han quitado las etiquetas. La única manera de normalizar es irrumpir. Yo fui a las primeras marchas del orgullo eran muy divertidas y más pequeñas con mucho sentido del humor a los últimos ni me acerco. De hecho la gente que vive en Chueca alquila el piso y se van. Es una semana de desenfreno total, de lujuria y sexo, un barrio tomado. Ahora no sé hasta qué punto beneficia al colectivo, yo siento que se ha vulgarizado mucho. Pienso que le falta más lo cultural y que debería alejarse un poco del festín carnavalesco que estereotipa mucho. Y otra cosa que me molesta es haber generado estas tribus urbanas que tienen una forma de vivir el sexo que excluyen entre sí, como los osos, leather y así...lo exclusivamente genital ha pasado a formar parte del individuo, uno se viste conforme al sexo que practica y solo practica este tipo de sexo. Me define mi curiosidad mi afinidad".

El Apóstata 

Lamentablemente el intento de Alvaro por apostatar y que retiren su nombre no tuvo el éxito que deseaba, pero la película sí. Fue educado en un colegio católico pero no sabe hasta que punto está ayudándolo a entender más cosas y siente que va recorriendo el círculo de lo que piensa, Ahora tiene argumento más sólidos y una de las cosas que ha descubierto es que España no es un país piadoso sino supersticioso, donde se confunde todo y lo único que se pide es que no pase nada malo, pero la gente se olvida en las maravillas alrededor. 

"En la película estamos hablando de esta ruptura con las instituciones que atravesamos todos en este mundo en general y en este país también contra todos estos modelos muy dogmáticos. Las iglesias están vacías, poca gente cree o practica. Vienen curas de otros lados porque aquí vocación no hay. En las iglesias hay curas latinoamericanos o africanos, la gente que asiste es mayor. La iglesia se ha convertido en una multinacional y tienen un paraíso fiscal que es el Vaticano. Yo no soy ateo, soy una persona piadosa porque mi concepto de lo divino es muy matemático, el dios de los físicos de los filósofos, es algo más humanizado que este ser majestuoso, que el ser pueda ser, plural y diverso, es algo que me asombra, no es una cosa moral, no siento que deba rendirle ningún tipo de pleitesía ni arrodillarme. El arte es una forma de rendir tributo al ser, eso decía Heidegger. Un buen católico debería apostatar, emanciparse de la iglesia y empezar a vivir la fe con sus amigos o personas afines". 


La película

Fue un mes de rodaje y cuatro los guionistas del filme, de ese collage con los recuerdos de su propia vida para crear a Gonzalo, durante dos meses y medio le contó a Federico momento de su vida e infancia, cosas que le marcaron como aquella oportunidad en que se sintió malo por primera vez o cuando se sintió muy querido o algo le dolió, todo lo que él llama su mitología. De rostro fotogénico, sonrisa graciosa, una mirada profunda y sincera, Alvaro me dice que se encuentra formándose como actor porque anhela dar lo mejor y no defraudar a lo que venga por eso está tomando talleres y leyendo sobre interpretación. Nos reímos cuando le digo que le gusta ser actor porque le encanta ser famoso, mientras continúa revelándome detalles de la película. 

"Yo me daba de besos con mi prima cuando niño pero nunca tuvimos una relación, en cambio en el filme Federico lo cambió preguntándose que pasaría con ello. Se empezó a hablar de un personaje que arrastraba su pasado, así que la única forma de romperlo era hacer este acto de rebeldía contra la Iglesia Católica. Y sin darse cuenta se va desembarazando de todo el peso. Los personaje de Felipe crecen cuanto toman el poder y se empoderan. Y pienso que todos nos podemos reconocer en eso. Originalmente yo no eran el protagonista, el proyecto era más ambicioso y las productoras que se metieron a financiar querían una cara conocida y pidieron a Paco León, un actor muy conocido, él dijo que si pero luego nunca apareció y quedé yo. Ya en el set se dio cuenta como era todo". 

En un primer momento Alvaro pensó que la parte más difícil de hacer serían las escenas con el personaje de Martha en la cama pero le resultó que la secuencia del desnudo colectivo. 

"Era la mitad de la segunda semana de rodaje, me intimidó mucho, algunas personas que debían venir para la escena no llegaron así que se desnudaron los del equipo de filmación. Estaba un poco tenso por las marcas en el piso, me tuve que tomar unos ansiolíticos, pero luego ya de pronto tenían que verse mis pies yo estaba con pánico porque estaba con medias de algodón por el frío y se me habían quedado algunas bolitas blancas, así que no quería que se me vea como un guarro. Nadie me había dicho que se me iban a ver los pies. Hasta que Federico me dijo que esté tranquilo, comencé a respirar y luego todo quedó bien". 


Ha tenido comentarios positivos y negativos con su actuación calificándola de algo plana, pero su miedo era sobre actuar por eso se contuvo para no excederse. Ahora ya sabe mucho más y sigue aprendiendo para desenvolverse mejor en los roles que le ofrezcan. Entretanto va a todos los festivales donde es mostrado "El Apóstata", a cuanta charla lo inviten para que hable del rodaje, de su papel y del cine.


La señora atrevida

Desnudarse en una película puede traerle al actor o la actriz una legión de fans o comentarios subidos de tono de seguidores atrevidos. En San Francisco una señora madura de setenta años se le acercó para decirle que le gustaba tanto vestido como desnudo y se iba de manos tocándole la espalda o el trasero cada vez que podía. 

"Las que se sienten más libres de hacer comentarios son las señoras de más de cincuenta años que les da igual todo y no tienen miedo en decir lo que piensan. También me pasó en San Francisco, una trans mayor estuvo abrazada a mi durante toda una comida luego del festival. Ella había protagonizado un documental sobre su vida, era una señora muy elegante, fue emborrochándose, me tocaba y terminó abrazada a mi, como que se aprovechó un poco".

No se ha licenciado en nada pero ha curioseado en varias materias académicas. Si en algo, además de apostatar, se parece a su personaje Gonzalo es que no es capaz de terminar las cosas. Alvaro tiene formación técnica en audiovisuales, estudió filosofía y periodismo pero los dejó inconclusos porque su naturaleza no va con una forma tan estructurada o vertical de aprender los conocimiento o una educación formal, aunque el cine es donde mejor se siente y quiere permanecer hasta que tal vez ya no pueda.

"Me da miedo ser famoso, lo que quiero es profundizar en el arte, entenderlo e integrarlo en mi carrera en mi vida. Estar en proyectos ambiciosos, crecer dentro de este mundo. Aceptaré todo porque significará oportunidades de trabajo y de entender cosas. Me preocupa eso sí que no sea demasiado pronto, porque perdí mis trabajos cuando me comprometí con la película, que también era hora de dejarlos no me quejo. Tenía un dinero ahorrado voy haciendo trabajos pequeños que me ayudan a mantenerme, amigos que me ofrecen pequeñas chambas. Quiero subir al escenario y dar algo bueno siempre".

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