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CELULOIDE PINK: EL VIH SIDA en el CINE

Por Antonio Capurro

¿De qué forma ha reflejado el sétimo arte el VIH SIDA, qué mensajes fueron formando el imaginario social desde que el cine se atrevió a tocarlo en sus películas? A propósito de la celebración del Día Internacional de la Lucha contra el SIDA que celebramos cada primero de diciembre, aquí en Celuloide Pink le damos un repaso a una serie de películas que reflejaron el tema en la pantalla grande.

Respecto al VIH han sido varios los enfoques que hemos visto en las películas, en algunos casos mostrando la cruda realidad; en otros una visión crítica o la desmitificación del virus frente a la sociedad. En los años ochenta el tema era un tabú, no existía mucha información, pero si una serie de rumores o verdades a medias como por ejemplo a la forma en que uno podía contagiarse. ¿Acaso tan solo por darse un beso? La ignorancia y el miedo persistieron por mucho tiempo e incluso hasta nuestros días.

De alguna forma el cine jugó un papel muy importante para que ciertos mitos fueran cayéndose poco a poco creando conciencia en la gente. Por mucho tiempo uno de esos grandes paradigmas era que el VIH SIDA le concernía tan solo a los gays porque ellos (nosotros) éramos la población afectada. Mientras la comunidad gay americana esperaba que el gobierno republicano Ronal Reagan asumiera la cuestión como un problema de salud pública llegó Parting Glances, película americana del año 1986. Teniendo en los roles protagónicos a Richard Ganoung, John Bolger y Steve Buscemi la cinta se atreve a contaros las vicisitudes de un grupo de amigos en medio de la vorágine. Su director, Bill Sherwood, fue al mismo tiempo una víctima en 1990.

La prensa estadounidense lo mencionó por primera vez en 1981. El diario El País de España lo hizo un año más tarde, en agosto con el titular: "200 muertos en Estados Unidos por un mal desconocido. Todavía se recuerda el primer artículo publicado en el diario New York Times calificando al SIDA como “una forma extraña de cáncer que afecta a la comunidad homosexual”. Finalmente en 1985 se dio a conocer la primera víctima famosa que contrajo el virus: Rock Hudson, la encarnación del héroe norteamericano en la década de los años cincuenta y sesenta en clásicos como “Gigante” o “Sueños de alcoba”. Años después Hudson confesaría en su autobiografía “Su vida” escrito por Sara Davidson, el rumor que siempre ocultó a Hollywood: su homosexualidad. A partir de este fue inevitable el prejuicio sida-gay que empezó a generar una actitud negativa en la opinión pública respecto al SIDA y la comunidad LGBT.

Apasionada e intensa fue la visión de Gregg Araki a principios de los 90 con Vivir hasta el fin que como lo indica el título es el viaje de una pareja que decide vivir todo lo que puedan del resto de sus días aventurándose en un medio de la carretera. La película mostraba ese otro mito de que teniendo un diagnóstico como VIH positivo tus días estaban contados y no había tiempo para construir metas o objetivos. Entre el drama y la comedia, Araki propone una puesta a contrarreloj donde los protagonistas tan solo deben preocuparse por lo que ocurra en el día a día viviéndolo como si fuera el último con toda su desgracia o su burla. 

En 1993 el director Roger Spottiswoode trató en “And the band played on” o “En el filo de la duda” los orígenes del mortal virus, ambientada en el verano de 1981 cuando se dieron a conocer las primeras investigaciones. La película fue un grato intento de mostrar la vida de un grupo de médicos comisionados por la Organización Mundial de la Salud para detectar los casos en África bajo la dirección del Dr. Don Francis (Matthew Modine). Por aquel entonces Ian McKellen dio vida a un personaje gay que también es víctima del terrible mal. En 1994 “Juntos para siempre” (Longtime Companion), dirigido por Norma René, nos entregó la crónica de tres parejas gays en la ciudad de Los Ángeles, uno de sus actores Bruce Davidson fue nominado por su estupenda actuación. “Juntos para siempre” era una película de bajo presupuesto que necesitó tiempo para hallar un distribuidor porque ninguno quería arriesgarse a obtener pérdidas con un tema considerado tabú, sin embargo, logró abrir el camino hacia otros proyectos. 

Con “Philadelphia” (1994) Hollywood produjo el primer filme mainstream del VIH SIDA. Tom Hanks y Denzel Washington en los roles protagónicos dijeron que sí para dar vida a sus respectivos papeles que los consagraría como grandes actores. Bajo la dirección de Jonathan Demme la película colocó sobre el tapete la discriminación laboral de la que es víctima un exitoso abogado yuppie al conocerse que tiene SIDA. Éxito de taquilla y de crítica, la película demostró que el tema podía ser exitoso.

Los Amigos de Peter del año 1992 de Kenneth Brannagh es otro intento de darle un giro a la trama en una comedia interpretado por varios de los mejores actores de su generación como Emma Thompson, Hugh Laurie o Stephen Fry en medio de saber cuáles serán sus reacciones cuando el protagonista les confiese que es seropositivo. En tono de sátira, Brannagh logra que pasemos un buen rato sin darle tanta seriedad a un tema como el VIH SIDA. Porque se puede tener el virus pero no por eso dejar de ver la vida con plenitud.

Más intensa, audaz y reveladora, “Las Noches Salvajes” (1994), único largometraje del realizador galo Cyrill Collard, muerto a causa del SIDA, plasmó una perspectiva distinta al contar el drama de tres seropositivos (uno de ellos el propio Collard) que asumen ser portadores sin culpa y con pasión sus vidas. Basada en una pieza teatral homónima, “Jeffrey” (1995), del dramaturgo y guionista Paul Rudnick, era una comedia acerca de un gay asustado (Steven Weber), que debido a su terror a contraer el VIH renuncia a tener relaciones sexuales. Con desenfado e ironía la cinta logró considerable triunfo de audiencia. Menos comercial y en tono intimista, “Alive and Kicking” (Vivo y pateando, 1998) de factura británica, mostraba la casi dispareja unión de un bailarín extrovertido y un trabajador social de la prevención VIH.

En el año 2013 una película independiente como Test asume en su protagonista un flashback a los ochenta cuando todavía los prejuicios estaban totalmente marcados junto al pánico de contraer un virus como el VIH del cual se conocía poco o casi nada. Mientras trata de encontrar un espacio para el desarrollo de su talento como bailarín Frankie transita por el San Francisco de los años ochenta encontrando una compañía de danza en donde participar, mientras convive con las incertidumbres y verdades de sus amigos, conocidos, amantes y pareja alrededor suyo. Él también tiene que espera un resultado que lo puede cambiar todo en un segundo.

Latinoamérica también ha aportado lo suyo con Anahí Berneri quien en el 2005 presentó el drama UN AÑO SIN AMOR, la historia de Pablo (Juan Minujín) un joven escritor enfermo de sida, a quien el temor a la muerte lo empuja a escribir su diario. Esas ganas de hallar una cura es la que lo motiva a sentir las ganas de vivir, de no apartarse del mundo y de no sentirse solo. Pablo es un hombre terco y esa terquedad lo empuja a querer vivir el amor a como de lugar y a encontrar a esa media naranja que todavía no conocer por eso hace de todo para buscarlo: desde avisos en el diario hasta recorrer los barrios gay de Buenos Aires. Pero encontrará más de una vez la aventura fácil y a un grupo de tipos sadomasoquistas que lo adentran en la flagelación descubriendo en los golpes y látigos la expiación a sus culpas y temores y al mismo tiempo la fortaleza para seguir viviendo. Interesante cinta de la argentina Berneri que destaca por su crudeza y entrega al narrar un guión apasionado y real.


El género documental tampoco ha sido ajeno a tratar el tema del VIH SIDA, así lo demuestra “Sex Positive” de Daryl Wein que explora la vida de Richard Berkowitz, un trabajador sexual gay S&M y gay revolucionario que se vuelva activista AIDS en los ochenta, cuya contribución a la invención del sexo seguro nunca fue ampliamente acreditada. También está “We were here” de los directores David Weissman y Bill Weber quienes con una mirada profunda y reflexiva nos entrega la llegada y el impacto del SIDA en San Francisco y cómo las personas enfrentaron la tragedia durante los primeros años de la inimaginable crisis. 

Más recientemente en el 2014 la ganadora por mejor película del Oscar “Dallas Buyer’s Club” nos recordaba que el problema nos compete a todos por igual y que lo peor está en la discriminación, los prejuicios y estigmas de un virus que precisamente no distingue sexo, color de piel, credo, estatus social o económico ni orientación sexual. Matthew McConauguey y Jared Leto lucían sensacionales en sus papeles, ambos ganadores del Oscar. ¿Cuáles serán las próximas historias o argumentos? Esperamos que en todo el mundo continúen filmándose guiones que contribuyan a la normalización del tema sin estereotipos de forma abierta, desprejuiciada, libre y directa. 


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