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Consultorio Diverso por RUFINO ARCO: PARA IÑAKI


Escribe Rufino Arco (Desde España)
Email: rufinoarco@gmail.com

Hay muchas personas que se sienten incomodas con las etiquetas, Iñaki es una de esas personas. Él considera que no es conveniente hablar de las personas homosexuales como grupo, además la construcción social “colectivo gay” le resulta algo sin base y dentro de lo cual prefiere no inmiscuirse por considerar no identificarse con sus características.
Partimos de la base de que el pensamiento de Iñaki es una circunstancia compartida por muchas personas, por lo que es importante considerarlo como un tema que hay que abordar en profundidad.

Como cada vez que se habla de un colectivo en particular, hay que hacer el ejercicio de no generalizar, porque estaríamos construyendo nuestro planteamiento desde un pilar erróneo. Por lo tanto,  durante todo el tiempo que tratamos este tema mantenemos la idea de que dentro de los colectivos hay una variedad enorme y no por el hecho de pertenecer a él estamos determinados a cumplir todos y cada uno de los demás estereotipos y clichés que se le asocian.

Históricamente se le llama colectivo gay, porque fueron las personas homosexuales las que iniciaron la labor de visibilidad y de protesta frente a una infinidad de injusticias manifiestas en las diferentes culturas y localizaciones del mundo. Todas las personas cuya orientación sexual se manifieste como atracción sexual de manera duradera y con tintes afectivo-sexuales dirigida hacia personas de su mismo sexo son consideradas por definición como homosexuales. 

Añadir que al colectivo homosexual se han ido sumando y particularizando otro tipo de agrupaciones e identidades, por haberse percatado que lo que hace diferentes a estas personas es precisamente ser diferente a una persona heterosexual. 

Ahora, hay una razón de peso para no querer formar parte de un colectivo como el LGTBIQ+, y es que todas las personas que han sido parte del mismo han sido repudiadas durante toda su vida y lo siguen siendo actualmente, ya sea de una manera patente, mediante agresiones físicas o verbales, o de una manera sutil, con frases como: “eres libre de ser como eres, pero sin que lo sepa nadie fuera de casa”.

¿Quién querría formar parte de algo así? Y tener una vida de dificultades…, pudiendo ignorarlo e interiorizando que no se es eso que se es.

La cuestión es que no es algo que se decida. Una persona puede decidir que parte de su intimidad expresa, pero no puede negar un sentimiento. Hacerlo es auto-mutilar nuestra esencia. Es ser nuestros propios verdugos. 

En cualquier caso, cada persona es dueña de su destino, y no se debe juzgar la elección individual de cada una, sino aceptar sus decisiones, porque sólo esa persona conoce las circunstancias internas y externas que le acontecen durante su camino.

Otra causa que puede afectar a algunas personas es el no considerar la orientación sexual como algo central en sus pilares de vida. Esto existe y es igualmente respetable. Para una persona que el sexo es algo que no influye en absoluto en su vida, y cuyo día a día discurre en otros planos, que le hablen de hacer una agrupación de personas según su orientación sexual puede resultar absurdo, como podría resultar que se haga una reivindicación social desde una agrupación de personas cuya característica común es tener un nombre que comienza por “S”.

Son aspectos que hay que tener presente, y respetar la libertad individual de cada persona.

Aun con todo esto, la clave es que las personas del colectivo LGTBIQ+ han venido recibiendo una fuerte presión desde la sociedad en la que se desarrollan, que le ha venido diciendo: “Lo que eres no está bien”. Y tanto se lo han dicho, que muchas personas lo han creído.

Es algo patente que las personas gays tiene muchas cosas en común, y no solo la orientación sexual. Cuando entre las personas del colectivo decimos: “eso es muy gay”, es porque en el fondo sabemos que es una característica que de alguna manera la mayoría cumple en algún grado. Insisto, la mayoría.

¿Qué ha sucedido?, que la homofobia dentro de la sociedad y dentro del propio colectivo, unido a la necesidad de sentir aceptación dentro de un grupo, ha hecho que se traten de limar esas circunstancias  características de las personas del colectivo, y así “asimilarnos” a las personas heterosexual que nos rodean, que creemos que nos juzgan y que sabemos que nos van a etiquetar.

Tan fuerte es esa presión, que de alguna manera nos hace querer pasar desapercibidos, con el conflicto interno que eso supone para el individuo que escoge esa opción; y con el daño que causa en esa misma persona y en todas las que le rodea que también son parte del colectivo.

Este suceso puede revertirse. Y así está sucediendo en muchos planos.

Hay épocas en las que la manera más efectiva de conseguir unos derechos es hacerse valedor de esos derechos, parecerse al “Standard” aceptado por la sociedad. Pasó en el movimiento feminista y pasa en el movimiento activista LGTBIQ+.

Pero afortunadamente hemos llegado a un punto social en el que los derechos se consideran ya inherentes a las personas por el simple (que no es poco) hecho de ser persona.

Estamos en el momento en que los derechos son de todas las personas, aun con sus diferencias. Porque el hombre no es igual a la mujer, del mismo modo que el heterosexual no es igual al homosexual, ni la personas tran-sexual lo es a la persona cis-sexual. Somos diferentes en características pero iguales en derechos.

Con esta nueva base, podemos reconstruir al colectivo, podemos marcar las diferencias que nos haces ser diferentes, porque lo somos.

Somos personas que han tenido que construir su identidad en entornos adversos; que han tenido que comprobar como la “heteronorma” que se presupone nada más nacer, es errónea, porque deja fuera a una infinidad de personas que no la cumplen: Gays, Lesbianas, Trans, Asexuales, bisexuales, Intersexuales, Queers, Agenero, y un largo etcétera. Personas que nos construimos a nosotras mismas y nos fortalecemos con cada mirada interrogante y cada vez que es cuestionada la forma de sentir o e identificarse. 
Un hombre homosexual tiene comportamientos y deseos que se sitúan en la gama que aparece entre los que tiene un hombre heterosexual y una mujer heterosexual. Eso es innegable. Igual pasa con las mujeres homosexuales, con las personas bisexuales, y con las demás diversidades. Admitirlo, defenderlo y crecer dentro de las diferencias, defendiendo la igualdad de derechos es el camino que vamos a tomar, si o si, en la evolución lógica del pensamiento social. Y es una buena señal.

Ya es hora de celebrar un orgullo real, el orgullo de haber sabido entenderse a sí mismo, de haber sabido identificar las diferencias y haber sabido incluirlas en la diversidad de la sociedad, enriqueciéndola de esa manera. Del mismo modo que una multiculturalidad étnica aporta nuevas perspectivas y riqueza a una población.

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