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Vive toda la sensualidad en tu cuerpo

Colección Arco Iris: Balconing! by Juan Carlos Herranz


Esta vez Juan Carlos Herranz escribe sobre el fenómeno del balconing una peligrosa práctica mortal que vuelve a rebrotar en España especialmente en ciudades como Palma de Mallorca, uno de los destinos turísticos favoritos de los jóvenes británicos que llegan para gozar de unas vacaciones descontroladas. En lo que va del año se han registrado en la ciudad seis muertos producto de este juego mortal, cuatro de ellos en la localidad de Magaluf, y tres en un bloque de apartamentos, Edén Roc. 

Dos amigas están en la isla para divertirse hasta que el cuerpo resista sin presagiar que será una aventura sin retorno. Con su habitual irónico estilo y fluida prosa, Herranz nos entrega otro afilado relato corto. 

Por Juan Carlos Herranz

La única puntualización que puedo hacer es que un narrador de relatos dedicados a llamar la atención del lector sobre la maldad del diablo ha de estar muy poco asustado al contar sus historias pues si lo estuviese, quizá nunca podría comunicar la sensación de ese personaje maldito e hipócrita que engaña corazones nobles con artes negras; bien sea transformado en un apuesto banquero de ojos verdes y amplia sonrisa o en un pequeño y mimoso caniche asesino.

Las cosas siguieron tranquilas durante varias semanas en casa de Patty, una tímida jovencita británica cuyo sueño era viajar a España para conocer a una artista española llamada Cleopatra. La muchacha sopesó largo y tendido la propuesta de su amiga Ruth para viajar por el país mediterráneo a través de una agencia Low Cost que las llevaría a conocer Ámsterdam, Gibraltar y Bari. En principio se mostró reacia a decidirse, —quizá porque no estaba habituada a separarse de su acomodado y sobrio entorno en Londres o quizá a las promesas de mega fiestas —sexo, droga y alcohol incluidos— que prometían malas lenguas ajenas a la organización. La insistencia de su amiga duró unas semanas hasta que logró convencerse de viajar por media Europa a bajo precio. Y es que, el irresistible anuncio de la agencia de viajes —muy interesantes para una chica de 18 años como ella— transformó su inquietud en seguridad. Por si fuera poco leyó en una revista española que, en fecha coincidente a su estancia, Cleopatra ofrecía un concierto en Gibraltar acompañada por su marido. Los días de partida se sucedieron de manera tan rápida como lo fueron los preparativos para enfrentarse al descomunal tiempo de cachondeo que se les avecinaba. Patty pronto se convenció de que se lo pasaría fenomenal con Ruth de discoteca en discoteca sin que sus padres sospechasen nada. El avión despegó el día señalado y llegaron a Ámsterdam con el tiempo justo para dejar las maletas en su habitación y salir pitando hacia la primera de las diez discotecas que visitarían esa noche con barra libre incluida. Las dos jovencitas, colgadas en el cielo de la droga y el alcohol, se lo pasaron genial en la capital holandesa llegando a romper la línea de la cordura manteniendo relaciones sexuales con cuatro tipos que tenían un enorme rottweiler negro llamado Cerbero:

— ¡Tía, somos dos colgadas borrachas! —Exclamó la muchacha a su amiga Ruth antes de acostarse—. ¡Mira que entregarnos a cuatro tíos a la vez! ¡Hemos perdido las formas en el primer día de estancia! ¡No me lo puedo creer, tía! ¡Y todo por culpa de ese puto chucho!
— ¡Ay, sí, Mary! ¡El puto chucho! —Sonrió con la mirada perdida por efecto de las drogas que ambas consumieron esa primera noche—. ¿Cómo se llamaban, tía?
—Astaroth, Asmodeo, Belfegor y el más guapo Mammon… —enumeró Patty mientras reposaron sus cuerpos vestidos sobre sus respectivas camas—. ¡Pero el que nos animó a mantener sexo con ellos fue el rottweiler ese! ¡El perro negro ese! ¿Cómo se llamaba?
— ¿Cerbero? ¿El perrito? ¡Jajajajajajaja! —Lanzó una sonora carcajada—. ¡Joder tía, estás flipada! ¡Hablemos de Mammon! ¡Ese tío era el más guapo, el más fuerte y el del nombre más ridículo! ¡Como follaba el cabrón! ¿Verdad?
—Te pasas, tía —contestó a Ruth—. No creo que haya estado bien lo que hemos hecho… Parecíamos guarras… ¡Chucho asqueroso!
— ¡Tía, somos guarras borrachas! —Extendió a duras penas su mano sobre el brazo derecho de Patty para que no se viniera abajo en plena resaca—. ¡Borrachas y guarras pero sensatas! ¿Y qué me dices de Asmodeo haciéndomelo con su perrito de mierda? —Las expresiones tan poco afines a unas chicas de su edad no dejaban de mostrar los síntomas de su embriaguez y haber consumido drogas sintéticas—. Tía, de verdad, lo curioso es que no me ha hecho daño para haber sido mi primera vez y tenía un miembro enorme…
—No sé, tía… —le quitó su mano del brazo para evitar que se cayese de su cama—. ¡Me da vueltas la cabeza! ¡No debíamos haber bebido tanto! Además, ¡deja de expresarte como una furcia de carretera! —Mostró a su amiga su malestar—. ¡Si lo sé no vengo, y mira que tenía ganas de viajar para romper con la rutina! ¡No debí dejar que me convencieses!
— ¡Pero, tía, qué coño estás diciendo, tía! —Ruth cerró los ojos y se los tapó con las manos—. ¡Hemos venido a divertirnos! ¡Todo está controlado por la organización! ¡Hemos pagado 100€ por conocer tres países y chicos guapos! ¿Qué más quieres? ¡Soy tu amiga! ¡Si este rollo fuese malo no hubiese insistido para que vinieses y te hubiese dejado en tu casita con papá y mamá!
—…Tal vez tengas razón, tía… —Los efectos del alcohol terminaron por dejarla más inconsciente que dormida sobre el colchón—. Mejor hablamos mañana en el avión que nos lleva a España… ¡Ojalá pueda saludar a Cleopatra!
— ¡Menos mal que no están tus padres aquí para verte, tía! —Con la conversación llegó el sueño—. ¡Si supiesen lo puta que eres! ¡Jajajajajajaja!
— ¡Qué imbécil eres cuando quieres, tía! —Patty se molestó por el comentario—. ¡La culpa la tienes tú por proponerme esta mierda de viaje! ¡Me duele muchísimo la entrepierna por tu culpa! ¡Me haré la prueba del embarazo cuando lleguemos a Gibraltar!

La madrugada se deshizo con la llegada de un sol que pronto mostró sus rayos vigorosos, alumbrando el nuevo día que llevaría a Patty a descubrir el país donde todo brilla bajo él. A duras penas despertó a su amiga. La joven sentía vergüenza por lo ocurrido la noche anterior. Tomó una ducha prometiéndose no volver a caer en tal depravación, por mucho que Ruth o los demás jóvenes que las acompañaban, insistiesen en que aquellos fastos eran mano de Santo programados por la agencia. En menos de media hora, las dos muchachas se reunieron en el hall del hotel con el resto de los compañeros y, en apenas dos horas, el avión despegó del Schiphol —el aeropuerto de Ámsterdam— hacia Gibraltar. Las horas fueron transcurriendo y los dolores de cabeza remitiendo. Las chicas tenían más tiempo que vida más allá de la llegada al nuevo establecimiento hotelero en España pero, sin embargo, éste parecía no poner límites a su velocidad. Un día cualquiera en Gibraltar anunciaba una noche cualquiera en Vulcano con el fin de sobrevivir a la lujuria, la tentación y los superficiales placeres del averno. Ruth se quejó a la organización por tener que compartir cama con su amiga Patty pero el hotel estaba al cien por cien de ocupación y se tuvo que conformar con lo que los 100€ del coste del viaje le permitían disfrutar. Una vez acomodadas en el cálido dormitorio de paredes blancas, ambas salieron por la ciudad para almorzar. Patty comenzó a balbucear ajena a la conversación que su amiga pretendía mantener con ella respecto de la juerga nocturna que había preparado durante el trayecto en avión:

¡Si es que lo sabía!… ¡Si es que lo sabía!… Ya me lo dijo mi madre: Mira nena, yo sigo tocando el suelo con los pies y ni loca viajaría con tu amiga Ruth a ningún lado y mucho menos la invitaría a comer porque es una gorrona. No viajes ni vayas a comer a ningún lado con tu amiga Ruth porque no es buena compañía. Tú sabrás lo que haces. Eres mayor de edad y tienes que tomar tus propias decisiones. Mira que me avisó, y eso que mi madre es ciega, pero donde pone el ojo pone la bala. Sin embargo, la vida no es más que un tejido de hábitos y a mí me encanta vivir experiencias nuevas en éste mundo de cristal. Ya lo dijo Demóstenes: El alma se amolda a las costumbres, y se piensa como se vive. ¿Quién le mandaría a mi madre lanzarme esa maldición disfrazada de consejo? Pero, ¿quién mandaría a este pedazo de zorra invitarme a este absurdo viaje? Pero claro, como la amistad es algo que te llena el alma, que es un sentimiento que no se te va ni con el blanco nuclear del bote de Colón y yo de paso necesitaba un conocer a mi venerada Cleopatra… ¿Cómo no iba a invitar a Ruth a comer antes de salir esta noche de fiesta? ¿Qué importa el que siempre me toque a mí pagar la cuenta? El hábito hace al monje y una buena costumbre como ésta me parece mucho mejor que la ley estúpida que impera en nuestro planeta. No sé cómo describir mi primer almuerzo con mi amiga en Gibraltar… Yo siempre he sido una chica tímida, llena de complejos pero este viaje, aunque comenzó ayer con muy mal pie y cierto dolor vaginal, me está haciendo sentir divina, fantástica, privilegiada, sensacional, bella, compasiva, comprensiva, cosmopolita, tierna y chic. ¿Qué importa quién se haga responsable de la cuenta? ¿A quién le importa esta puta crisis mundial dibujada por cuatro mamones afincados en Suiza? Pero claro… una cosa es hacerse la gilipollas y otra serlo… Estoy cansada, cansada, cansada, cansada… Mira que me lo advirtió mi madre: Mira, nena, yo sigo tocando el suelo con los pies y ni loca viajaría con tu amiga Ruth a ningún lado y mucho menos la invitaría a comer porque es una gorrona. No viajes ni vayas a comer a ningún lado con tu amiga Ruth porque no es buena compañía. Tú sabrás lo que haces. Eres mayor de edad y tienes que tomar tus propias decisiones. Debo reconocer que el ser humano es apto para recibir consejos, pero realmente está ansioso de aprobaciones a sus locuras. La realidad fue bastante más indigesta de lo imaginado. Pues no quedamos en comer en un Burguer Speedy la tía espera hasta el último instante, justo al momento anterior al de: hola, buenas tardes, queremos una hamburguesa wonder con queso picante chillón tostado en pan de torrija de la abuela, calentado vuelta y vuelta a la brasa y horneado a los tres gustos de pimienta cayena. Ese mismo instante en el que la chica con acné, pelo grasiento y virgen de ombligo te dice: Perdón, no le he entendido. ¿Me puede repetir la especialidad, please? y tú vuelves a indicar después de mandarle a tomar por el culo entre dientes: Tía, haz el favor, que no hablo bien castellano. Queremos una hamburguesa wonder con queso picante chillón tostado en pan de torrija de la abuela, calentado vuelta y vuelta a la brasa y horneado a los tres gustos de pimienta cayena. Y ya que insistes, tía, me pones dos patatas más y un decilitro de lo mismo por otros 5 euro, que en los tiempos que corren eso no es nada por un poco más de mierda… El caso es que después de pedir dos hamburguesas wonder con queso picante chillón tostado en pan de torrija de la abuela, calentado vuelta y vuelta a la brasa y horneado a los tres gustos de pimienta cayena, con promoción de 5 euro más por nada, que una chica de hoy en día como yo, otrora tímida pero ahora transformada en un ser divino, fantástico, privilegiado, sensacional, bello, compasivo, comprensivo, cosmopolita, tierno y chic se merece, no se le ocurre otra cosa a mi querida amiga de la muerte que decirme: ¿A dónde te crees que vamos, tía? ¿Pero tú estás desesperada, loca, atada de mente o te has vuelto caníbal? Que ella se había vuelto vegetariana después de atiborrarse de drogas la noche anterior y no estaba dispuesta a comerse un marrano prefrito porque es una comida americana de mierda que para lo único que sirve es para lubricar los traseros de los hombres de negocio o de algunos periodistas. Estamos en España y antes de ir a la discoteca nos comemos una paella. Y punto. Y ahora pagas tú.



En ese momento llegué a la conclusión de que no hay amistad o amor más sincero que el que el que se puede sentir hacia la comida. No daba crédito a lo que mis oídos escuchaban. Pero ¿cómo voy a respetar nuestra amistad en tan malignas condiciones? Siempre había pensado que hacer el amor se resumía en construir un templo de gemidos al cariño con la piqueta de la carne de un príncipe azul pero esta mamona prostituye su cuerpo con cuatro tíos en Holanda, me arrastra a mí sin delicadeza y ahora me dice que quiere cenar una paella. ¡Maldita furcia drogadicta, yonqui, extasiada de mierda! ¿Cómo puedo confiar en ella si me quiere hacer pagar dos veces? ¡Claro, que de eso nada! ¿Qué es una rebelde de nuestra sociedad? Una mujer que sabe decir no. Ruth se puso bien puesta, con los implantes de silicona que le habían pagado sus padres el año pasado mirando al norte, pero le dije: Mira tía, de eso nada, tú no me puedes tomar el pelo en este momento tan crucial para mi vida. Estoy convencida de que decimos tantas tonterías que hasta los animales permanecen callados desde hace siglos porque prefieren morirse en silencio a opinar sobre nuestros temas de conversación… Cuando se mueren siguen sin decir nada… Mira, tía, no es por meterme contigo… Te encuentro un poco verde, tienes hasta los ojos fuera de órbita… Al verte esta tarde no estaba segura de si eras tú o la oveja Dolly después de los ensayos… ¿No te parece oportuno comportarnos de una manera civilizada, tomarnos nuestra respectiva hamburguesa wonder con queso picante chillón tostado en pan de torrija de la abuela, calentado vuelta y vuelta a la brasa y horneado a los tres gustos de pimienta cayena, con promoción de 5€ más por nada y regresar al hotel para vestirnos de gala y bailar como señoritas?

¡Dios mío! ¿Para qué se me ocurrió intentar convencerla con buenas palabras en el estado en que se encontraba? Epicuro afirma que nada es suficiente para quien poco es lo suficiente… Me puso de todos los colores en la misma puerta del local del Burguer Speed. Me comenzó a gritar como un energúmena poseída, quizá debido a la gran cantidad de drogas y alcohol que ingerimos en Ámsterdam, al veneno de alguna tarántula de ciudad e incluso me dio por pensar que sus malas formas se debían a la falta de vitaminas… ¡Madre, madre, madre… la madre que me parió! Si es que antes que el huevo o la gallina, fue mi pregunta… Si es que nunca se sabe cuántos amigos tienes hasta que las cosas van mal… Si ya le dijo un espermatozoide a otro: Oye, ¿nos falta mucho tiempo para llegar al útero? Y yo que sé tío, búscate la vida, creo que estamos en la tráquea todavía. ¡Mira si fue grave mi incoherencia en ese instante, que admirando la humildad y la sabiduría de mí misma, no me dio más que por recitar en voz alta todo tipo de insultos y mi amiga, algo típico en nuestra patética sociedad sin valores, hizo lo propio chillándome puta, puta, puta; superputa desatada… ¡Cuando regresemos a Londres se lo cuento todo a tus padres! Lo más indigno de Ruth fue que, en su desorbitado inconformismo, en ningún instante le dio importancia a los buenos sentimientos que nos habían llevado hasta este escandaloso viaje Low Cost. Estaba histérica. La gente nos miraba con cierta tristeza en sus ojos cada vez que nos veían gritando. Mira que ese día me sentía divina, fantástica, privilegiada, sensacional, bella, compasiva, comprensiva, cosmopolita, tierna y chic, pero al percatarme que tantos ojos ajenos se clavaban en una… ¡Oye! ¡Como para no sentirme intimidada, la verdad! Soy británica y no me apetecía ni lo más mínimo que los españoles tuvieran mala imagen de una chica tímida y estudiosa como yo. Mi amiga estaba tan flipada que no encontré más salida que decirle con las horquillas en las pestañas: Oye, maricona, cierra la boca o te meto una hostia. Estás más drogada que ayer. Tú ganas. Vamos a comer paella de pescado A banda y regresamos al hotel para vestirnos de gala. Eso sí, te advierto que esta noche no me acuesto con ningún tío. Recuerda que esta travesía por Europa continental es de índole cultural y a ti el vicio te puede, tía.

Patty volvió en sí. Su amiga Ruth la estaba zarandeando por el hombro para que reaccionase. La Justicia de este mundo de cristal es ciega. Por ese motivo, las dos muchachas de Londres jamás lograron divertirse en su particular conquista de juventud. En este mundo lo único constante que existe es la inconstancia. Tan solo tenemos que interpretar nuestro papel y mostrar, como señal de inferioridad, que entregarnos al mal reprime nuestros miedos para la eternidad. En ocasiones somos cobardes envueltos en papel de oro por eso nos cuesta tanto abrir nuestros sentimientos al bien. Al llegar a la séptima planta del hotel, Patty comenzó a sentir los efectos de las drogas sintéticas que su amiga Ruth volvió a compartir con ella. El sabor del arroz dentro de sus bocas sabía rancio, podrido, ácido… Con cierta dificultad lograron abrir la puerta de su dormitorio. El reloj de Patty marcaba las nueve de la noche. Los organizadores las estarían esperando a la puerta del autobús a las diez. Visitaría doce nuevas pistas de baile que habían contratado dentro del pack Low Cost. A ninguno de los organizadores les importaron sus vidas. Dinero siempre es la palabra mágica de los corrompidos. Las jóvenes se apoyaron sin apreciar el daño físico que les estaba causando aquel viaje sin retorno. La fe que algunos seres humanos muestran hacia otros sin escrúpulos es tan ciega que, como el falso amor que ofrece el diablo, termina por ser objeto y fin de la bala que fue puesta por el ojo avizor. Sobrevivimos en el planeta Plutón donde todo el mundo desea conocer a las celebrities y alcanzar el becerro prohibido por Dios. Un planeta en el que ni los buenos son tan buenos ni los malos somos tan malos. Un día cualquiera en Plutón supone sobrevivir, jornada tras jornada, a ese infierno donde las sombras quieren abrasarnos con el calor de nuestros pecados. Llega la bestia. Las siete nuevas plagas anunciadas por el Señor y el ascenso al poder de las huestes demoníacas. Llegan desafiando. Hace mucho calor. En el exterior del establecimiento los termómetros marcan 40 grados centígrados. Ruth no escuchó a Patty cuando le pidió que dejase el aire acondicionado puesto. La habitación es un horno a presión. Tan pronto se acomodan, Patty propone a su amiga despejarse en la terraza. Tiene una expresión extraña. No reconoce a Ruth. Cuando regresen a Londres investigará lo ocurrido con ayuda de sus padres. Ahora necesitan respirar. Ella piensa por su amiga. La amiga piensa por ella. Dos muchachas y un destino. Al asomarse a la calle ven reflejada la luna llena en la piscina del hotel:

— ¡Tía, me encuentro fatal! —Exclama Ruth mal apoyada en la barandilla—. ¡Estos borrachos españoles nos han debido meter mierda en esa paella! ¡Seguro que el pescado estaba mal!
— ¡Estamos colgadas en este cielo por culpa del alcohol y las drogas, tía! —Dos lágrimas resbalan por sus mejillas sonrojadas—. Me duele que hayamos hecho mamading (1) en Ámsterdam, como ponían los titulares de esos asquerosos periódicos españoles, franceses e italianos… Pero más me duele haber perdido una buena amiga como tú… Me has fallado… Ya te contaré en casa las obscenidades a las que te has dedicado esta noche…
— ¿Por qué lloras, tía? ¡Somos dos colgadas borrachas, nada más! ¡El pescado nos ha sentado mal! —Intenta consolar a su compañera de viaje—. ¿Lloras por lo que hicimos en Holanda? ¡Pero si lo pasamos de puta madre! ¡Barra libre, chicos guapos, libertad, juventud…! ¡Y un perro que te hablaba! ¿Qué más se puede esperar por 100€ que hemos pagado! ¡Es el precio de nuestro destino!
— ¡Tengo un dolor de cabeza, tía! —Patty seca sus lágrimas de emoción—. No lloro por Holanda, tía, aunque me molestó nuestro comportamiento en Holanda, tía, aquí hemos arrasado, especialmente tú con todos los chicos que se han acercado a ti. —Con sus manos hace lo propio con la mucosidad que se le escapa por la nariz—. ¡Mírala! —Señala la piscina—.
— ¿Qué coño tengo que mirar, tía? —Apenas si puede centrar su atención en la conversación—. ¡Todo me da vueltas! ¡Puta paella! ¡Me arde la garganta! ¡Siento en la garganta algo ácido!
— ¿No ves, idiota? —Las alucinaciones provocadas por consumir drogas comienzan su labor—. ¡Cleopatra está en el fondo de la piscina cantando! ¡Me encanta! ¡Vivimos en una nueva era donde los sueños se hacen realidad!
— ¡Hostias, tía! —Ruth se sorprende al comprobar con certeza las palabras de su amiga—. ¡Es verdad, tía! ¡Tu cantante favorita está en el fondo de la piscina cantando! ¿Qué coño hace a estas horas cantando en el fondo de la piscina? ¡Nos sonríe, tía, que bueno, tía! — Oye, tía, ¿no estaremos borrachas, verdad, tía?
— ¡Ni drogadas, tía! —contesta eufórica Patty a su amiga. — ¡Tía estamos en un séptimo piso, tía! —advierte al intuir sus intenciones.
— ¡Qué más da, tía! —sonríe en el que creía ser el día más feliz de si vida—. ¡Tenemos alas, tía! ¡Podemos volar!

Y así fue como las dos muchachas dieron el salto mortal, y claro, murieron en el acto alcoholizadas, drogadas y engañadas por la cara menos amable de la realidad que se nos quiere maquillar. Dos jóvenes inocentes murieron en un diabólico balconing (2). Un par de vidas más no son nada comparadas con la de miles de seres humanos que pueblan nuestro planeta convertido en Plutón. Esta es la verdad. La humanidad se ha vuelto insensible a los titulares. Unos exclusivos clientes alojados en la tercera planta de un hotel cercano comentan asombrados lo acontecido:

Cleopatra: ¡Dios santo, qué horror! —Señala las ambulancias que llegan al otro lado de la calle—. ¿Qué habrá sucedido allí? ¡La multitud es impresionante!
Marco Antonio: ¡Nada, cari, otras dos guarrillas depravadas que se han matado practicando el balconing! Por lo visto se han lanzado a la piscina desde la séptima planta. ¡Un doble salto mortal! —Ironiza sobre la desgracia ajena—. En su pueblo seguro que eran personas modélicas y viajan a otros países a joder la marrana… Y luego los británicos se preguntan el motivo por el que los españoles somos más longevos…
Cleopatra: (mirando al cielo) ¡Dios santo!


1. (del español, Mamada) Práctica consistente en realizar sexo oral a los asistentes de un local a cambio de descuentos en barra. Esta aberrante práctica es delito.
2. Práctica consistente en lanzarse desde el balcón de los hoteles a la piscina. Peligrosa práctica que consiste avanzar saltando de balcón en balcón de un hotel para al final dar un salto al vacío. Esta aberrante práctica es delito.





Publicado por Editorial Círculo Rojo para La Revista Diversa.

ISBN: 978-84-9115-022-0

DEPÓSITO LEGAL: AL 592-2015

Fotografía cubierta: Shirley StonyRock

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