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MUNDO INDÓMITO con NICOLÁS COLFER: "En Argentina siempre ha existido una literatura disidente, no solo gay"

Por Antonio Capurro
larevistadiversa@gmail.com

Desde Buenos Aires (Argentina) conversamos con el joven escritor Nicolás Colfer, coordinador de @libidotaller, un geminiano con luna en Cáncer, actor ocasional y modelo accidental. Un narrador para armar. Conoce más de él en la siguienteentrevista...

www.galaxia-colfer.com.ar

Cuéntanos acerca de tu seudónimo o nombre literario, ¿por qué Nicolás Colfer?

 “Colfer” surgió de la necesidad de enmascarar mi vida gay cuando aún no había salido del clóset. Hasta 2011 inclusive, alimenté dos perfiles distintos en Facebook, uno con mi verdadero nombre y el otro, el de la segunda vida, que paradójicamente es el que sobrevivió. Hoy no oculto mi identidad –me llamo Nicolás Javier Ciccotosto–, pero la mayoría me conoce como Nicolás Colfer. Además, se me ocurre que será más fácil encontrar a Colfer que a Ciccotosto en los anaqueles de las librerías. 

En Instagram te haces llamar Darth Colfer, ¿es por el personaje Darth Vader de la saga Star Wars?

Sí, soy una loca fanática de Star Wars, y de Darth Vader en especial.

¿Cuándo empezó en ti el gusto o la pasión por escribir y en qué momento decidiste tomarlo en serio y convertirte en un escritor?

Creo que siempre he sido escritor. Cuando niño, me entretenía pergeñando historias. Mi madre aún guarda algunos de los cuadernos que llené durante la infancia. Supongo que se debió siempre a un exceso de imaginación, abonado por el sinfín de libros y películas que consumí en los primeros años de existencia. Luego, ya adolescente, no vacilaba en afirmar que “de grande” sería escritor. La presión de mi entorno burgués hizo que olvidara esa convicción hasta los veintidós años, cuando, luego de probar otras carreras, decidí concentrarme en el estudio de las Letras y pulir mi pluma hasta consolidar un estilo personal de escritura.

¿Existe un movimiento de literatura gay en Argentina?

En Argentina siempre ha existido una literatura disidente, no solo “gay”. Puede que los autores homosexuales tengan ahora más facilidad para publicar ficciones y ensayos que, en otro momento, no hubieran llegado a las vidrieras, pero circunscribir el fenómeno a la actualidad dejaría de lado a lxs pionerxs de la rebeldía: Copi, Puig, María Elena Walsh, en fin. Hoy tenemos la suerte de contar con un amplio abanico de editoriales emergentes, en busca de autorxs dispuestos a publicar la insumisión, pero no existirían editorxs ni autorxs rebeldes si en el pasado no se hubiera sembrado la pasión por la osadía.

¿Cómo ves actualmente el panorama de la literatura en tu país, los jóvenes leen más?

No, los jóvenes leen menos, pero no creo que sea un problema nacional. He notado que los jóvenes leen menos en todas partes. Y estoy convencido de que fuimos lxs escritorxs (y todo el aparato que nos rodea) quienes difundimos esa alergia por la literatura. Me parece que, debido a una prolongación de las pretensiones decimonónicas, cometemos a menudo el error de tomarnos demasiado seriamente nuestra labor. Y las academias, uff, han cargado a las Letras con una solemnidad indigerible. Mis contemporánexs necesitan que la literatura lxs interpele de manera eficaz: a través de los medios digitales, en un código más amigable y sobre la base de imágenes reconocibles y deseables.

Eres un hombre visiblemente gay. ¿Cómo fue el proceso de asumir tu orientación sexual y salir del closet con tu familia y amigos?

El proceso fue, de hecho, menos traumático que en mi imaginación. Pasé demasiado tiempo sospechando que la revelación sería negativamente recibida, pero, en general, nadie lo tomó como una tragedia. Ni siquiera mi padre, de quien temí la peor de las reacciones. Por supuesto, hay cuestiones generacionales y hasta clasistas que intervienen en la aceptación de una loca como yo. No todos mis seres queridos tienen el mismo grado de apertura hacia mi cotidianidad gay, pero cada vez son más lxs que sí. El mayor de los gustos es, para mí, poder hablar de amores con mis hermanas menores.

¿Cuáles son tus escritores favoritos, qué géneros te gustan dentro de la literatura?

Mis autores favoritos son Pascal Quignard, Pedro Lemebel y Juan Rulfo, tan distintos entre ellos que me resultaría imposible ponderar el estilo de uno sobre los otros. A decir verdad, disfruto de una suerte de poligamia literaria. No me caso con ningún género. 

¿Cuántos libros te lees al año o al mes?

Depende. Mi récord ha sido dieciséis libros en veinte días. El mes pasado, no he leído ni un capítulo. Quisiera sostener que no importa la cantidad sino la calidad, o alguna fórmula de ese estilo, pero la verdad es que últimamente no he tenido tiempo ni ganas de leer como antes. Y esto es esencial: nadie debería leer en contra de su agenda, mucho menos contra su voluntad. Eso genera antipatía por los textos, pero las antipáticas siempre son las circunstancias.

¿Cómo has observado el manejo de los prejuicios y estereotipos dentro de la literatura argentina?

Con la ya mencionada emergencia y difusión de editoriales independientes, hay cada vez más autorxs en pos del desbaratamiento de prejuicios y estereotipos, no solamente con sus personajes sino con sus propias identidades. Cuando pienso en que Buenos Aires celebra a autorxs como Susy Shock, Peter Punk, Gael Policano Rossi, bueno… ¿qué estereotipo podría subsistir?

Eres tallerista en Libido Taller, un espacio para la escritura creativa, la lectura y el debate. ¿Cuándo lo empezaste? ¿Cómo es la dinámica de los talleres? ¿Cuál es el rango de las edades de los asistentes?

Libido surgió a principios de este año. Luego de perder mi trabajo formal (trabajé cuatro años en Comunicación para el Subte de Buenos Aires), decidí seguir el consejo que, de manera infame, los voceros del Gobierno de Macri dieron a la población: emprender para paliar la falta de empleo. Lamentablemente, o por fortuna, no poseo talentos prácticos. No hubiera podido fabricar nada que la gente quisiera comprar, ni proveer otro servicio que mis conocimientos literarios. Así que, el verano pasado, empecé tímidamente a difundir la propuesta de Libido a través de Instagram. En marzo, tenía ya tres grupos conformados. Terminé el primer semestre con ocho autorxs; el segundo, con veintidós. Es decir, la propuesta no solo fue bien acogida en un principio, sino que creció por encima de mis propias expectativas. Estoy realmente feliz de haber parido el taller y recibido en él a tantos artistas en potencia. La menor de mis alumnas acaba de cumplir dieciocho años; la mayor tiene ciencuenta y seis. Como siempre digo, Libido es, en efecto, un taller “apto para todo público”.

¿Has tocado el tema de la homosexualidad en la literatura de textos o escritores clásicos o contemporáneos?

Sí, claro, y la razón es que me encanta abordar el tema. De hecho, el programa del primer nivel de Libido incluye una clase titulada “Locas patológicas”, cuya bibliografía contiene textos de Copi y Lemebel. Además, muchxs de mis alumnxs han generado personajes y situaciones LTGBQIA+, cosa que me enorgullece.

 ¿Qué personajes y libros sobre temática LTGBQ recuerdas o vienen a tu mente de la Argentina y de la región?

El primero que viene a mi cabeza es Loco afán de Lemebel, probablemente porque tuve que releerlo hace poco para dar una clase sobre sus crónicas.

¿Decir literatura gay es hacer otro guetto o por el contrario visibiliza los afectos y las pasiones?

Los occidentales necesitamos establecer una categoría para cada cosa (es culpa de Platón o de alguna de esas locas). No me molesta que “literatura gay” exista como categoría en tanto podamos acercarla a un público cada vez más amplio. En lo personal, no escribo para un público gay ni siquiera cuando alumbro imágenes homoeróticas.

 ¿Cómo se ha representado el machismo dentro de la literatura argentina?

El machismo es tan diverso como aquellas formas que se le oponen: hay mujeres machistas, putos machistas, machistas ricos y machistas pobres. A lo largo de la historia y en todo el mundo, este ha sido enarbolado por un espectro muy diverso de autorxs. Por fortuna, lxs lectorxs están cada vez menos interesadxs en acceder a ese tipo de imágenes, a menos que se presente como una denuncia. Luego tenemos autorxs (y por ende, también lectorxs) cuyo machismo es irreparable y destructivo. Este año, escuché a Mario Vargas Llosa afirmar que “el feminismo está arruinando la literatura” porque, desde que las mujeres no temen hacer públicas sus voces, él teme escribir cosas demasiado eróticas. Pobre Mario, él piensa que lo erótico es ofensivo para el feminismo porque lo concibe como algo esencialmente machista. Yo he revisado los libros de Vargas Llosa (tengo algunos en mi biblioteca) y no he encontrado una sola escena que podría considerarse erótica. Sin embargo, abundan las escenas de sometimiento.

En el tema gay o LTGBQ estamos rodeados de estereotipos o prejuicios, ¿cómo lo has vivido dentro de la sociedad?

Sin los estereotipos, la sociedad colapsaría. Están enraizados en el lenguaje y en todo lo que este define (¡la vida entera!). Cada unx de nosotrxs se define a partir de ellos. Por ejemplo, yo trato de publicar una imagen que diste del estereotipo borgiano de escritor, ¿pero podría prescindir de él para presentarme? No lo creo. Tampoco creo que los estereotipos puedan destruirse, pero sí podemos evitar que sean destructivos. Es decir, cada unx puede definirse en relación con el estereotipo que mejor (o peor) le quepa, pero no puede intentar definir a lxs otrxs.

Desde afuera se piensa o imagina a la sociedad argentina como más liberal en el tema del sexo y los placeres, ¿qué tan cierto puede ser esto?

Todo depende de cuál sea el “afuera”. Es probable que un porteño sea mucho más liberal que un limeño, pero seguramente perdería en comparación con un carioca o un madrileño. Creo que mi generación ha abrazado los placeres con menos renuencia que la anterior, pero aún tenemos un vasto terreno por conquistar. Yo he descubierto en otros países una apertura hacia el sexo que en Buenos Aires es apenas imaginada.

¿Te gusta salir a marchas o eventos por causas sociales como Ni una Menos o por ejemplo del aborto?

He participado en casi todas las marchas de “Ni una menos” y en las vigilias en favor de la despenalización del aborto. Mis amigas heterosexuales siempre han abogado por la ampliación de los derechos de nuestra comunidad y yo he hecho lo mismo por los suyos. Nos une la más sincera de las solidaridades. Es hermoso. ¡Será ley!

¿Cómo viviste tu primera marcha del orgullo? ¿En qué forma apoyas el activismo gay o LTGBQ en tu país?

No he asistido a una fiesta más divertida que mi primera marcha del orgullo. Bailé todo el día y sostuve en alto carteles que me identificaban como una loca feliz y libérrima. Cada año, intento revivir la magia de esa primera ocasión. Para mí la marcha es un ritual, un carnaval en el sentido rabelesiano: cancela el tiempo, las jerarquías, todxs nos disponemos a vivir una vida alternativa, sin fronteras entre los cuerpos. Es uno de los mejores días de mi calendario. Apoyo el activismo desde mi doble rol de escritor y educador. En los espacios que he generado junto a otrxs artistas, pregonamos la defensa de los derechos conquistados y de las luchas vigentes.

En tu Instagram señalas que eres actor ocasional y modelo accidental, ¿cuándo eres actor y modelo?

Habitualmente, no soy una cosa ni la otra. Juego a ser actor o modelo cuando alguien me invita a hacerlo. Estoy felizmente rodeado de fotógrafos y profesionales de la actuación que, a veces, piensan en mí. Estudié actuación cuando era más joven y acudo con frecuencia a los espacios independientes en busca de nuevas obras. ¡Amo el teatro! Lo del modelaje, bueno, solo tiene que ver con la dureza de mi cara.

Me decías que en el afán de darle un carácter menos serio o convencional a la literatura es que empezaste con las fotos de tu cuerpo y posar para otros fotógrafos. ¿Has pensado en algún momento en qué debido precisamente a esos prejuicios o estereotipos cierto sector podría no tomarte tan en serio? ¿Qué comentarios te han hecho? 

Sí, lo he pensado pero no me inquieta. Si un lector o una lectora va a juzgarme por cómo luzco o cómo me presento, bueno, simplemente no deseo que me lea. Recuerdo especialmente el comentario que un compañero de carrera me hizo en el marco de un congreso. El pichón de literato observó que mi camisa era “demasiado ajustada” para ese ámbito. Sin dejar de sonreír, le respondí con el desprendimiento de un botón que dejó entrever parte de mi pecho. Ninguna camisa es demasiado ajustada y ningún cuerpo merece ocultarse. Si pensás que sí, abotonate vos, pero no pretendas que yo lo haga.

Sin lugar a dudas, en tus fotos hay mucho de sensual o lúdico, un cierto erotismo. ¿Qué buscas expresar en las fotos?

El cuerpo es un caligrama fabuloso. Cada parte habla y forma un discurso de pies a cabeza. Ojalá todxs encuentren en mis fotos las expresiones que ellas condensan.

¿Te consideras un hombre sensual o sexual o ambos?

 Considero que todxs somos sensuales y sexuales, al menos potencialmente.

¿Cómo va tu primera novela? ¿Cuáles son tus objetivos como escritor?

Elegí el título de mi primera novela mucho antes de escribirla. Precisamente, el día que compré un pasaje con destino a Barcelona. El 1° de diciembre llegaré a España y comenzaré a llenar las páginas de Un invierno en Europa, una novela más ficcional que autobiográfica. No deseo que sea un diario de viaje, pero sospecho que tendrá un marcado carácter testimonial.

¿Te gusta la poesía? ¿Algunos poetas favoritos?

Sí, me gusta mucho. Últimamente he revisitado los versos de Dafne Pidemunt, una poetisa argentina y lesbiana, cuyos versos conocí en el Espacio de diversidad sexual y cultura de la 44° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Dafne y yo trabajamos juntos en ese espacio, pero cuando leo sus versos me olvido de que la conozco. Su poesía es tan intensa que genera una suerte de enajenamiento. Disfruto especialmente las composiciones reunidas en El juego de las estatuas, un poemario editado por La mariposa y la iguana.  

¿Qué significa ser escritor para ti? ¿Cuál es la dimensión de esa palabra?

Ser escritor es una fatalidad, un destino ineludible. Mi fatum tiene cara de libro.

¿Qué tan difícil es publicar para un escritor joven en tu país? 

Es difícil, mas no imposible. Muchxs optan por la autopublicación, pero no creo que sea la vía adecuada. Prefiero evitar el desprestigio prematuro y mostrar mi trabajo a editorxs en cuyo trabajo confío. Luego están los concursos. Yo he ganado algunos certámenes pequeños y guardo antologías con cuentos del pasado (prefiero no rescatarlos, era tan joven…). A mis alumnxs los animo a participar de ellos; el buen gusto aún rige algunos jurados.

¿Cuál es tu proceso de creación literaria? ¿Necesitas de algún momento especial o de ciertas condiciones?

Creo firmemente en el hábito, en escribir todos los días, una oración por lo menos. Si uno espera a que las musas hablen, se estanca y deja morir las ideas. Estas surgen a medida que uno escribe. Si la página está en blanco, escribo, aun si no me satisfacen los embates de mi imaginación. Al final del proceso, queda algo rescatable, quizás nimio, pero en fin… Los textos se urden día a día, palabra tras palabra, nombre sobre nombre. En resumen, el texto es para el escritor lo que el zapato es para el zapatero, y todxs conocemos el famoso dicho.

¿Te gusta mucho el cine? ¿Tienes alguna película de temática gay argentina o mundial favorita?

Soy cinéfilo desde el moisés. Aunque no suelo elegir películas de temática gay (¡mucho drama!), defiendo y difundo Call me by your name como la mejor de las ofertas que Hollywood nos ha obsequiado en el último tiempo.

Muchos jóvenes en tu país han tenido que enfrentar la crisis económica, la falta de empleo y la corrupción en tu país migrando a otros lados en busca de oportunidades, ¿lo pensaste alguna vez? 

 Bueno, tengo un pie en Europa, por supuesto que lo pensé. Yo voy a regresar ochenta y ocho días después de mi partida, pero celebro la valentía de quienes enfrentan el desarraigo en pos de un mejor futuro. Del mismo modo, entiendo que la migración no es una opción válida para la mayoría de lxs jóvenes. Salir del país es caro y los destinos más deseados exigen la presentación de una serie engorrosa de documentos. Además, en materia de migraciones, Argentina es más un país receptor que emisor, quizás debido a que lxs argentinxs estamos demasiado acostumbradxs a las crisis como para sucumbir al espanto. El macrismo no es novedoso ni accidental; estamos en la parte del ciclo que habilita su existencia. Luego habrá un gobierno populista hasta que los sectores privilegiados recuperen la investidura presidencial, y así sucesivamente hasta el Armagedón. (Esto último no es enteramente una broma).  

¿Cuando no estás trabajando o escribiendo, cómo vives tu tiempo de ocio?

El café y el dulce de leche me quitan el aburrimiento. Me encanta compartirlos con mis amigxs.

¿Cómo te ves en diez años en el aspecto personal y profesional?

Me veo en jeans y remera, escribiendo para mis lectorxs desde mi biblioteca privada. Quizás ya sea padre de Galileo y Galatea, lxs mellizxs que deseo adoptar cuando el tiempo y las conquistas me lo permitan.

Desde ya estás invitado a Perú y conocer este lindo país. ¿Qué sabes de la cultura peruana?

¡Que comen super rico! Por cierto, me encantaría recorrer el país. Hacer el camino del inca está entre mis cuentas pendientes y he recibido comentarios muy alentadores acerca de sus playas. Espero visitarlxs muy pronto.

 ¿Una frase literaria? ¿Una película? ¿Una canción?

Recientemente, y dada la inminencia de mi viaje, he dejado en la punta de mi lengua una máxima de Tolkien: “Not all those who wander are lost” (en español, “no todos los que vagan están perdidos”). Yo no estoy perdido, tampoco hallado, pero en fin, será cuestión de seguir vagando. Elegir una película favorita sería tan difícil como elegir una sola golosina para el resto de mi vida (¡imposible, de hecho!). ¿Y una canción? Bueno, sin pensarlo demasiado, elijo “Regresaré (Con calma se verá)” de Laura Pausini. Creo que se refiere, sin quererlo, a mi despegue.

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